El P. Juan, oyente de la Palabra

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El P. Juan, oyente de la Palabra

Con ocasión de la Fiesta de San Jerónimo el próximo 30 de septiembre las Librerías ARS dedican todo este mes a la Palabra de Dios bajo el título de «Oyentes de la Palabra».

No podemos prescindir de referir este título precisamente al iniciador de estas librerías, y acercarnos a la figura del Siervo de Dios Juan Sánchez Hernández como un oyente, un apasionado y un misionero de la Palabra de Dios.

Decía Benedicto XVI en su Exhortación Verbum Domini que «la interpretación de la Sagrada Escritura quedaría incompleta si no se estuviera también a la escucha de quienes han vivido realmente la Palabra de Dios, es decir, los santos. Así, la interpretación más profunda de la Escritura proviene precisamente de los que se han dejado plasmar por la Palabra de Dios a través de la escucha, la lectura y la meditación asidua.

Ciertamente, no es una casualidad que las grandes espiritualidades que han marcado la historia de la Iglesia hayan surgido de una explícita referencia a la Escritura. Pienso, por ejemplo, en san Antonio, Abad, movido por la escucha de aquellas palabras de Cristo: “Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo– y luego vente conmigo” (…) San Francisco de Asís –escribe Tomás de Celano–, “al oír que los discípulos de Cristo no han de poseer ni oro, ni plata, ni dinero; ni llevar alforja, ni pan, ni bastón en el camino; ni tener calzado ni dos túnicas, exclamó inmediatamente, lleno de Espíritu Santo: ¡Esto quiero, esto pido, esto ansío hacer de todo corazón!” (…) En relación con la Palabra de Dios, la santidad se inscribe así, en cierto modo, en la tradición profética, en la que la Palabra de Dios toma a su servicio la vida misma del profeta. En este sentido, la santidad en la Iglesia representa una hermenéutica de la Escritura de la que nadie puede prescindir. El Espíritu Santo, que ha inspirado a los autores sagrados, es el mismo que anima a los santos a dar la vida por el Evangelio. Acudir a su escuela es una vía segura para emprender una hermenéutica viva y eficaz de la Palabra de Dios» (VD 46-47).

En este sentido podemos contemplar la vida y ministerio del P. Juan desde dos perspectivas complementarias: como un hombre que se sumerge en la Palabra y como un maestro que explica la Palabra.

Hay dos textos bíblicos que marcan la espiritualidad y obras del Siervo de Dios: Jn 17, 19 («Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad»); y 2Tm 2, 10 («Por eso lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación y la gloria eterna en Cristo Jesús»). En estas dos citas encuentra el P. Juan el porqué de su misión de Apóstol del sacerdocio y del espíritu que anima al Instituto secular por él fundado. Cuando tiene que resumir en un lema la vida de las Siervas seglares de Jesucristo Sacerdote no encuentra otro mejor que las palabras de San Pablo a Timoteo: “todo por los elegidos”.

Ambos textos son patrimonio común de todas las obras sacerdotales. El siglo XX vio el florecimiento de numerosas realidades que se inspiraban en el «pro eis» de la oración sacerdotal de Cristo. Se trata de una participación en esa oración y ofrecimiento victimal de Cristo por la santificación de los sacerdotes. Se trata de una cooperación, que podíamos llamar mística, en favor de los sacerdotes. Concebir la vida entera como una ofrenda por ellos. Son numerosos los textos dirigidos a la formación de las Siervas, principalmente, en los que glosa estos pasajes para extraer de ellos una serie de consecuencias prácticas de oración, de exigencia personal y apostolado en favor de la santidad y el ministerio de los sacerdotes.

Pero por otro lado también es muy abundante el material que tenemos del P. Juan en cuanto maestro de la Palabra. Son numerosas sus homilías, Ejercicios (tanto predicación como notas de los propios), charlas de formación (a sacerdotes, seminaristas, Siervas y laicos) y apuntes en los que se manifiesta el amor por la Escritura. Sus meditaciones son muchas veces una pura lectura orante del texto, recorre las páginas del Evangelio invitando al oyente a adentrarse en ellas poniéndolos delante del mismo Jesús.

Abundan las notas en las que recoge su propósito de «Fomentar la lectura y el comentario de la Santa Biblia entre las Siervas (…) Formación teológica: Volver a las fuentes: Biblia y Padres (…) Iniciación bíblica con proyección espiritual. Lectura reposada de los Padres (…) Leer la Biblia, completa y con aclaraciones. Soy hijo de la Iglesia, en ella quiero vivir» Descendiendo, en algunos casos, a medidas muy concretas: «Tener a diario Lectura como mínimo en común un Capítulo del Nuevo Testamento y noticia del Santo del día».

En el Siervo de Dios encontramos un modelo y un maestro para vivir este mes de la Biblia.

Fernando del Moral Acha
Sacerdote de la diócesis de Madrid

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