En la Sierra de Ávila, reciedumbre y austeridad

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En la Sierra de Ávila, reciedumbre y austeridad

Los primeros años de vida del Siervo de Dios, 1902-1913, transcurrieron en un ambiente rural, concretamente en dos poblaciones pequeñas del Sistema Central, enclavadas en la Sierra de Ávila: Villanueva del Campillo y Pascualcobo. El padre del Siervo de Dios, D. Juan, era agricultor y artesano, tejía lonas, que podía comercializar gracias al desarrollo preindustrial que se produjo en esa zona desde finales del siglo XIX. El carácter del Siervo de Dios está forjado en estas tierras de Castilla y León: recio, austero, con tendencia ascética, trabajador, curtido por el trabajo… Llevó siempre en su corazón a su pueblo y a sus gentes.

¡Qué alegría nos produce a todos llegar a la tierra donde están nuestros orígenes! Y así lo vivió también el Siervo de Dios. En sus cartas se descubre el interés por su pueblo y por sus paisanos, le alegraba saber noticias y compartir sus logros y dificultades.

Su pueblo natal, Villanueva del Campillo, es una población que está situada a unos 1500 metros del nivel del mar, con temperaturas extremas. En su paisaje predomina el matorral bajo: espliego, romero, tomillo plantas olorosas que colman los sentidos. Nos encontramos con encinas dispersas por sus laderas que dan sensación de sosiego y descanso. A su vez, unas grandes rocas de granito oscuro que son como enseña de la reciedumbre de sus tierras y de sus pobladores y en el centro del pueblo el Verraco más grande de Europa.

La familia del Siervo de Dios, cuatro hijos y el matrimonio, vivía de subarriendo en una buhardilla situada en la calle de la Iglesia núm. Cinco. Las condiciones de vida eran duras y difíciles, no sólo por la falta de medios económicos, sino porque a principios del siglo XX no existían todavía suministros de luz, de agua, ni de transporte, por lo que los alimentos escaseaban y el sustento diario dependía de la producción familiar.

Sin embargo, hay una riqueza, una herencia hermosa que el matrimonio Sánchez Hernández lega a sus hijos: el cultivo de una fe profunda en Dios y un amor filial a la Virgen. ¡Cómo se agranda el corazón del Siervo de Dios al recordar las fiestas del “Cristo del Velo” y de “Nuestra Señora de la Natividad”! Escribe el Siervo de Dios agradecido “tengo coleccionadas en mi álbum de recuerdos una vista general de Villanueva del Campillo, y una postal del Santo Cristo del Velo”.

Les invito a renovar el agradecimiento profundo por la fe de nuestros antepasados, y el legado tan hermoso de la familia del Siervo de Dios “Apóstol del Sacerdocio”.

María José Castejón
Delegada para la Causa

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